Convertirse en socio de los grandes y ganar dinero por ello

En 1999, Bonnie Brown entró como masajista de medio tiempo a Google, cuando la que hoy es una de las empresas más valiosas del mundo era una pequeña startup de Silicon Valley abriéndose paso en el mundo de la tecnología.

El trabajo era de medio tiempo y la paga era de $450 dólares a la semana e incluía, como parte del paquete de compensaciones, una serie de acciones de la compañía que al principio pensaba no valían mucho pero que la convertían en socia de Larry Page y Sergei Brin, en ese tiempo dos veinteañeros que habían creado Google cuando eran estudiantes de la Universidad de Stanford, en California.

La masajista estuvo cinco años en la compañía, hasta que en 2004 –cuando Google lanzó sus acciones a la bolsa– se jubiló y fueron precisamente esas acciones que parecían no valer nada, las que la convirtieron en millonaria.

Bonnie no es la excepción. Los medios dan cuenta de otras historias de los primeros empleados de Google que han acumulado grandes cantidades de dinero por haber conservado las acciones que la empresa les dio como parte de su paquete de compensaciones, las cuales demuestran que convertirse en socio de una empresa y conservar su participación en estas a través del tiempo, puede dejar mucho dinero.

¿Te imaginas convertirte en socio de las empresas más importantes del mundo?

Ser un accionista –que no es otra cosa más que convertirse en dueño de una parte de estas organizaciones– vale la pena porque si las condiciones del mercado son favorables y si lo dejas a que madure, tu dinero va a crecer de manera exponencial y no de manera lineal como lo haría en una cuenta de ahorro. Si no, hay que preguntarle a la masajista de Google que cuando se fue de la empresa el precio de sus acciones se había duplicado.

Por supuesto, no es una receta mágica y uno de los ingredientes claves para el éxito de Bonnie fue que Google estaba en sus inicios y que su crecimiento fue una explosión desde que empezó a cotizar en bolsa. Sin embargo, el crecimiento de la empresa no se quedó ahí. Un botón de muestra: Si hubieras comprado una acción de Google en febrero de 2013, te hubiera costado $398.01 dólares, y si hubieras invertido a mediano plazo,  hoy esa acción valdría $1,143.70 dólares, poco más de 200%. La empresa, al igual que otras que cotizan en bolsa, siguen creciendo a través del tiempo.

Si bien invertir necesita constancia, tolerancia al riesgo y acceso a información valiosa sobre los mercados para tomar las mejores decisiones,  la realidad es que hay pocas formas de hacer crecer el patrimonio, y una de ellas es invertir en bolsa. Lo cual hoy, con ayuda de la tecnología, puede lograrse con tan solo un clic desde el teléfono celular, ya que las inversiones se hacen en línea. Hoy, ser dueño de Microsoft, Amazon, Facebook, Oracle y convertirse en socio de Bill Gates, Jeff Bezos, Marc Zuckerberg o Larry Ellison, está a la mano de cualquiera que lo desee.

Zig Ziglar –un best seller, escritor, orador motivacional y un vendedor considerado de los mejores del mundo– decía que “no se trata de lo que tienes, sino de cómo lo usas lo que hace la diferencia”. Decidirte a organizar tus finanzas y empezar a invertir en bolsa no necesita de montos mínimos estratosféricos ni de que te prives de comprar aquellas cosas que te gusta comprar. Sólo necesitas organizarte, hacer un presupuesto y decidir cuál es la cantidad que puedes destinar a cuidar tu futuro.