Tres enseñanzas del mejor libro de inversión de la historia para prepararse para el nuevo año

Desde que Warren Buffett, el mayor multimillonario por invertir en bolsa, tenía 19 años, ya tenía su libro favorito de inversiones. Hoy el “Oráculo de Omaha” tiene 88 años y las cosas no han cambiado. “El inversor inteligente” de Benjamin Graham cautivó a Buffett desde el principio y siguió haciéndolo durante prácticamente su vida entera. Le cambió la vida y dio pie a que Buffett se convirtiera en lo que es hoy, uno de los inversionistas más exitosos de la historia.
Graham fue mucho más que un autor para Buffett. Fue su profesor y una de las personas que más influyó en su vida después de su padre, según él mismo lo explica en el prefacio de la cuarta edición. Para él fue su profesor, empresario y amigo, además de que le reconoce la aportación de estructura y razonamiento lógico a una actividad que era desordenada y confusa, como las inversiones.

Graham fue un profesor de la Escuela de Negocios de Columbia que propuso la distinción fundamental entre inversión y especulación, y que aportó una estructura intelectual para la inversión en bolsa. Él era más que un académico; aprendió por las malas ya que durante años fue inversionista en Wall Street, en donde sufrió en carne propia las pérdidas, por lo que se dedicó con ahínco a estudiar los mercados.
Hay muchas enseñanzas sobre inversiones que se le pueden aprender a Graham. Aquí van tres que nos ayudarán a empezar el año con más conocimiento sobre lo que es invertir en bolsa y cómo hacerlo de la mejor manera.
1. No se necesita ser genio para invertir en la bolsa.
“Para invertir con éxito durante toda la vida no es necesario un coeficiente intelectual estratosférico, un conocimiento empresarial extraordinario, ni información privilegiada. Lo que hace falta es una infraestructura intelectual que permita adoptar decisiones y la capacidad de evitar que las emociones deterioren esa infraestructura”, explica Warren Buffett sobre las enseñanzas de Graham. Es fácil pensar que para hacerlo bien se necesita ser un experto en el tema, pero la realidad es que lo más importante es tener la paciencia, disciplina y voluntad necesarias para aprender, controlar las emociones y pensar por uno mismo. Esto es más “un rasgo del carácter que del cerebro”, explica Graham. Esto es a lo que se le llamaría ser un inversor inteligente.
2. Gran parte del secreto del éxito financiero está dentro de la persona
“Si se llega a ser un pensador crítico que no acepta ningún «hecho» del mercado de valores como artículo de fe, y se invierte con una confianza paciente, se podrá sacar un buen partido de manera sostenida, incluso en los peores períodos bajistas del mercado”, explica Jason Zweig, un periodista especializado, el cual realizó la edición comentada del libro. Es importante entender que el mercado financiero está compuesto, además de por acciones, por personas, y de hecho, el comportamiento de estas es más importante que sus inversiones. Para poder tomar buenas decisiones es necesario tener pensamiento crítico y no dejarse llevar por los cambios de humor de otras personas, porque si lo permitimos, estas regirán nuestro destino financiero. Si bien una parte del éxito se encuentra en los vaivenes del mercado, otra gran parte se encuentra en el inversionista.
3. Es posible reducir el riesgo de equivocarse
Aunque se le ponga mucho cuidado, el único riesgo que no puede eliminarse por completo es el de equivocarse, a pesar de que sí hay posibilidad de eliminarlo, explica Jason. Uno es no pagando nunca un precio excesivo por una inversión, por más atractiva que esta parezca. El otro es no dejándose llevar por las emociones a la hora de actuar. “Aunque el entusiasmo puede ser necesario para los grandes logros en otros ámbitos, en Wall Street conduce de manera prácticamente invariable al desastre”, sostiene Graham. El objetivo es no perder el autocontrol. ¿Y cómo no se pierde este autocontrol? Reduciendo el margen de equivocación a través del análisis de toda la información disponible antes de tomar una decisión. Warren Buffett asegura que si no piensas mantener una acción de una empresa por más de diez años, ni siquiera te la plantees tenerla 10 minutos, o sea, no compres. Si debes plantearte tener una acción al menos 10 años, entonces necesitas una buena reflexión antes de comprarla.
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